Lenguaje claro y justicia abierta: explicar también es impartir justicia
Cuando se habla de justicia, con frecuencia pensamos en leyes, procedimientos, expedientes o resoluciones. Sin embargo, existe una pregunta que pocas veces nos hacemos y que resulta fundamental:
¿La persona que recibe una resolución realmente entiende lo que se decidió sobre su vida?
La justicia no concluye cuando se dicta una sentencia. Tampoco cuando se firma una resolución o se notifica una determinación judicial. La justicia cumple plenamente su propósito cuando las personas comprenden qué ocurrió, por qué ocurrió y cuáles son las consecuencias de esa decisión.
Durante muchos años, el lenguaje jurídico estuvo rodeado de expresiones complejas, tecnicismos y formalismos que dificultaban su comprensión para la ciudadanía. Aunque el rigor jurídico es indispensable, también es cierto que una resolución que no puede ser entendida por las personas pierde parte de su función social.
Por ello, el lenguaje claro se ha convertido en una herramienta indispensable para acercar la justicia a quienes la necesitan.
Hablar con claridad no significa simplificar la ley ni renunciar a la técnica jurídica. Significa explicar las decisiones de manera accesible, respetando el derecho de las personas a comprender aquello que afecta sus derechos, sus obligaciones y su futuro.
DETRÁS DE CADA EXPEDIENTE HAY PERSONAS
A lo largo de mi trayectoria dentro del Poder Judicial he aprendido una lección que considero fundamental:
Detrás de cada expediente hay personas.
Personas que atraviesan conflictos familiares, situaciones de vulnerabilidad, momentos de incertidumbre o circunstancias que han transformado profundamente sus vidas.
Por ello, cada asunto exige algo más que conocimiento jurídico. Exige sensibilidad, escucha y comprensión del contexto en el que ocurren los hechos.
Desde la Presidencia de la Sala de Asuntos Indígenas he tenido la oportunidad de conocer casos que muestran la importancia de observar más allá de lo que aparece escrito en un expediente.
Recuerdo particularmente el caso de una mujer indígena que hablaba medianamente el español y su lengua materna y que había sido condenada a una larga pena de prisión por la muerte de su hijo.
Al revisar el asunto se advirtieron circunstancias que no habían sido valoradas adecuadamente durante el proceso. No se le había garantizado la asistencia de una persona intérprete que le permitiera comprender plenamente las actuaciones judiciales. Tampoco se habían realizado estudios especializados para conocer su condición de salud mental.
La revisión integral del caso permitió advertir elementos que cambiaban por completo la comprensión de los hechos. Finalmente, se determinó que la mujer requería atención médica especializada y no una sanción penal como la que inicialmente se le había impuesto.
Más allá de los aspectos jurídicos, aquella experiencia dejó una enseñanza profunda: la justicia no puede limitarse a revisar documentos; debe comprender a las personas.
JUSTICIA ABIERTA PARA GENERAR CONFIANZA
La justicia abierta implica transparencia, cercanía y rendición de cuentas. Pero también implica que las instituciones sean capaces de comunicarse con las personas de manera clara y comprensible.
La ciudadanía no espera necesariamente que todas las resoluciones favorezcan sus intereses. Lo que sí espera es ser escuchada, tratada con dignidad y comprender las razones que sustentan una decisión.
Cuando las personas entienden cómo funciona la justicia, la confianza en las instituciones se fortalece.
Por ello, explicar también es impartir justicia.
Escuchar también es impartir justicia.
Comprender también es impartir justicia.
Porque una justicia que se entiende es una justicia que se acerca a las personas.
Erika Icela Castillo
Magistrada del Poder Judicial del Estado de México
Presidenta de la Sala de Asuntos Indígenas
Una visión de justicia cercana, clara e incluyente
Pasión por la Justicia